Desde el siglo V a.C., poblaciones sedentarias se establecieron en la cuenca que rodea la actual BCIT, aprovechando la fertilidad del suelo y el acceso a rutas fluviales. Construyeron viviendas de adobe y plazas ceremoniales, dejando rastros de cerámica pintada y herramientas de piedra que permiten a los arqueólogos reconstruir sus modos de vida, organización social y relaciones comerciales con grupos vecinos.
En el periodo colonial, la zona experimentó una transformación profunda: las misiones y haciendas europeas superpusieron nuevas arquitecturas, pero muchas estructuras indígenas fueron reutilizadas o enterradas. Los trabajos de excavación realizados por la BCIT desde los años noventa han revelado capas superpuestas que evidencian la continuidad y el conflicto cultural, proporcionando una fuente única para comprender la adaptación de los antiguos habitantes frente a la conquista.