A comienzos del último semestre, un grupo de estudiantes de ingeniería notó que varias salas de estudio y laboratorios estaban subutilizados, mientras que la demanda de espacios colaborativos superaba la oferta visible. Al mismo tiempo, el departamento de servicios estudiantiles buscaba maneras de mejorar la experiencia sin grandes inversiones.
Ante esta disparidad, se organizó una iniciativa informal de “exploración de campus”, con la intención de mapear áreas poco conocidas, desde talleres de fabricación digital hasta rincones de arte urbano. La actividad combinó recorridos físicos, encuestas rápidas y revisión de documentación interna, creando una base de datos de recursos antes ignorados.